viernes, 17 de julio de 2015

Producción más limpia

UNEP (United Nations Environment Programme)  define producción más limpia (P+L) como: “la aplicación continua de una estrategia ambiental preventiva e integrada en los procesos productivos, los productos y los servicios, para reducir los riesgos relevantes a los humanos y al medio ambiente”. Esta definición está basada en la suposición de que no existe la producción limpia como tal, pues cada proceso de producción genera alguna forma de contaminación.

La producción más limpia se reconoce como un enfoque importante para reducir los impactos ambientales en el mundo y para guiar los desarrollos industriales hacia un desarrollo sostenible, tratando de reducir de manera continua la generación de  contaminantes en cada etapa del ciclo de vida.

En el caso de los procesos productivos se orienta hacia la conservación de materias primas y energía, la eliminación de materias primas tóxicas, y la reducción de la cantidad y toxicidad de todas las emisiones contaminantes y los desechos. En el caso de los productos se orienta hacia la reducción de los impactos negativos que acompañan el ciclo de vida del producto, desde la extracción de materias primas hasta su disposición final. En los servicios se orienta hacia la incorporación de la dimensión ambiental, tanto en el diseño como en la prestación de los mismos.

En la práctica, la aplicación del concepto de P+L, tanto en los sistemas actuales de producción como en los productos y servicios, no significa una  “sustitución en sentido estricto por otros diferentes”, sino “mejorarlos continuamente”, bajo el entendido que las nuevas tecnologías serán más limpias. De aquí, que producción limpia se perfila como la meta que será alcanzada con las nuevas inversiones, en tanto que la búsqueda sistemática del mejoramiento continuo, corresponde al concepto de P+L que obedece a un proceso dinámico y sistemático, el cual no se aplica una vez, sino permanentemente, en cada una de las fases del ciclo de vida.

Desde una perspectiva de gestión, la producción más limpia  es un instrumento  de los programas de producción y consumo sustentables que promueve las Naciones Unidas  y que son  implementados por los gobiernos de  numerosos  países.

Los recursos y las emisiones correspondientes a cada etapa del ciclo en su totalidad dependen en gran medida del marco general de políticas que incide en todo el sistema y de las regulaciones específicas que inciden en cada etapa. También dependen de los valores y las preferencias sociales, así como de la innovación tecnológica, aspectos en los que influye asimismo el marco legislativo y regulatorio.



En este contexto, la tecnología más limpia es sólo un elemento integral, pero parcial, dentro del concepto de producción más limpia, ya que éste incluye otros elementos como las actitudes y prácticas gerenciales de mejoramiento continuo de la gestión ambiental.

La Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial (ONUDI), en colaboración con el PNUMA, ha apoyado el establecimiento y la operación de centros nacionales de producción limpia. Actualmente existen 12 Centros en América Latina y el Caribe, que se coordinan a partir de una red regional de producción limpia, y un número aún mayor de instituciones dedicadas al tema que operan en la región con modalidades equivalentes. Los Centros apoyan a las empresas en la implementación de métodos y prácticas de producción sostenible, incluida la utilización eficiente de los recursos, el manejo sostenible de los productos químicos, la gestión de los desechos y la responsabilidad ambiental y social corporativa. Una de las principales áreas de actividad de los centros de producción limpia es la provisión de asistencia a las pymes de la región. 

Según un estudio presentado por la ONUDI durante la quinta Reunión del Consejo de Expertos de Gobierno en Producción y Consumo Sostenibles (Colombia, septiembre de 2009), la labor de 19 instituciones nacionales que ofrecen servicios de producción limpia ha permitido llegar a cerca de ocho millones de pymes en la región. Los sectores agroindustrial (alimentos, bebidas, café, lácteos), químico (productos químicos, plásticos, pintura) y metalmecánico son los que más asistencia han recibido por intermedio de los centros.

El éxito de  la implementación de programas de P+L se sustenta en sólidos resultados como la reducción del consumo de agua en un 35%, del consumo de energía de un 20%, de la generación de residuos  en un 30%, y de las emisiones de dióxido de carbono en un 25% (PNUMA, 2009)  y  que redundan en Desarrollo Sostenible.  


viernes, 21 de octubre de 2011

El Mercado del Carbono y América Latina. (Parte II)

Lo que se comercializa
Lo que se tranza en estos mercados son las reducciones certificadas o no, de emisiones de CO2e3, comúnmente conocidos como CER. Algunos Estados industrializados o empresas emisoras de CO2, financian proyectos de reducción de emisiones de GEI (Gases de efecto invernadero), en un país en vías de desarrollo, que equivale a las toneladas de CO2e3 que generan. Otros, en cambio, acuden a bolsas de clima en las que ya están los proyectos desarrollados, con las cantidades de emisiones capturadas certificadas o verificadas, y donde se venden a quienes requieran reducir su propio impacto ambiental. Por ejemplo, si una compañía emite un millón de toneladas de CO2e (tCO2e), puede neutralizar sus emisiones protegiendo un bosque que absorba ese millón de tCO2e, o financiar el desarrollo de energías limpias y eficientes en países en vías de desarrollo, que tengan un impacto positivo equivalente al millón de tCO2e emitidas, lo importante es que haya, en términos cuantificables, una reducción de las emisiones. Sin embargo no es válido para la comunidad internacional financiar o comprar proyectos que hubiesen sido llevados a cabo sin tener en cuenta el beneficio ambiental o el cumplimiento legal, ya que lo primordial es ir más allá del marco legal por compromiso con el medio ambiente. Resulta importante tener siempre presente que el propósito del mercado de emisiones es la reducción de los GEI, si ese propósito no se logra no hay forma de comercializar los proyectos en ninguna de las bolsas de clima del mundo.
Dónde y cómo se comercializa
La Chicago Climate Exchange (CCX) es el único escenario en el continente americano en el que se pueden tranzar emisiones hoy. Uno de sus propósitos principales consiste en facilitar la comercialización de CER a través de su plataforma, con el agregado de contribuir voluntariamente a la reducción de gases generadores del efecto invernadero. La dinámica de la CCX es la de una bolsa de valores tradicional, en la que oferentes y demandantes, privados y públicos, coinciden en un escenario para intercambiar un bien o servicio, sólo que en este caso lo que se tranza son certificados de emisiones reducidas. En ese sentido, una empresa que tenga como compromiso reducir sus emisiones a 10.000 tCO2e por año, pero que al momento de evaluar, emite 12.000 tCO2e por año, debe ir a una Bolsa de Clima a comprar certificados equivalentes a 2.000 tCO2e por año para compensar su excedente. En este punto resulta válido anotar que esta dinámica es una economía de mercado y por lo tanto la ecuación de oferta y demanda determina el precio de los CER.

Cómo está América Latina
La Cepal estimó que para el 2010 se negociaron 400 millones de tCO2e en el mercado voluntario, que equivaldrían a una cifra entre US$4.000 millones y US$5.000 millones, sin contar los US$16.000 millones que llegarían a la región como apoyo financiero a proyectos de desarrollo ostenible. Brasil ha tomado la delantera entre los países latinoamericanos, con la creación del Mercado Brasileño de Carbono, iniciativa conjunta entre la Bolsa de Mercaderías y Futuros y el Ministerio de Desarrollo, Industria y Comercio, que
tienen como propósito fundamental desarrollar un sistema eficiente de reducción de emisiones certificadas. Aunado a lo anterior, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) ha calificado la estrategia como una de las más importantes apuestas de país alguno en la región para el desarrollo sostenible, viendo un futuro
promisorio en la venta de créditos de carbono. A partir de esas políticas públicas de incentivo, Brasil se ha convertido en uno de los mayores exportadores mundiales de créditos de carbono y el primero de América Latina, contabilizando cerca de 20% de los 55 millones de tCO2e que ha reducido la región.
Latinoamérica en general requiere cambios estructurales para aprovechar la dinámica del mercado, bien sea en el de cumplimiento o fuera de este. Una encuesta del Banco Mundial identificó como las barreras más importantes para la implementación de MDL, la falta de esquemas locales de promoción, la falta de financiamiento para las actividades y proyectos, y en los casos de Colombia y Guatemala, el riesgo país.
A pesar de esas limitaciones se ha aprovechado hasta ahora el potencial del negocio, generando casi la mitad de los proyectos negociados en MDL en el mundo. Esto se debe, principalmente, a lo que la Cepal ha denominado el “stock de recursos para energías renovables” con el que se cuenta, sobre todo las centrales
hidroeléctricas, que suman 53% de todos los proyectos negociados.
Actualmente América Latina está identificando el potencial financiero de sus recursos naturales. A partir de la década de 1990, la mayoría de los gobiernos centrales abrieron las oficinas correspondientes a la Autoridad Nacional Designada (AND), encargadas de la aprobación y promoción del MDL, que es el paso previo nacional a la certificación y comercialización de certificados de emisiones reducidas. Existen casos interesantes que muestran que éste es un modelo de desarrollo sólido que logra darle a la región cierta independencia económica. Panamá, por ejemplo, logró vender un proyecto de captura de emisiones por la construcción de una hidroeléctrica en US$18 millones, lo que cubría buena parte del costo de la construcción, evitando que el país entrara a solicitar préstamos por ese concepto a la banca internacional.
A pesar de ello existen demoras en la parte formal de la aprobación y certificación de los proyectos MDL, tanto en el plano nacional como en la junta ejecutiva del Protocolo de Kyoto. Según un estudio realizado por el Centro Andino de Economía y Medio Ambiente (CAEMA), en 13 países de América Latina y el Caribe se analizó la institucionalidad que rodea al MDL y se encontró que durante el 2004 se presentaron 92 proyectos elegibles al MDL, para ser evaluados y aprobados por las autoridades nacionales designadas (AND), pero un año después sólo un tercio había sido evaluado, entorpeciendo una dinámica que debería ser fluida para incrementar beneficios. Además de lo anterior, no existen criterios estandarizados de evaluación y aprobación de proyectos. El mismo estudio muestra que sólo cinco, de las trece AND de América Latina, tienen protocolos y procedimientos establecidos, lo que genera incertidumbre para los desarrolladores del proyecto e inversionistas; sin embargo se destacan como modelos para seguir, Argentina, Costa Rica y Perú, por la rapidez como han implementado y homogeneizado las reglas MDL.P

lunes, 1 de agosto de 2011

El Hombre Como Ser Espiritual


Los griegos, descubridores de la razón autónoma.

Según la Biblia, Dios ha inspirado al hombre su hálito espiritual, pero le ha prohibido bajo pecado comer del árbol de la ciencia. Más elevado que lo que nosotros mismos podemos conocer, está lo que Dios manifiesta, en un principio abiertamente, y todavía ahora por boca de los profetas. Y según el cristianismo, todo nuestro saber es cuanto más sólo una obra vana. “Nosotros vemos ahora por un espejo en una palabra obscura”. Las verdaderas virtudes del hombre se basan en lo emocional, en lo que él cree, ama y espera.

Comparado con todo esto, entramos luego con los griegos clásicos en un mundo totalmente distinto. Se extiende una red completamente distinta de referencias para captar el verdadero ser del hombre. Los griegos conciben al hombre como procedente, no de Dios, sino de sí mismo. Y para ellos su distinción consiste en sus dones espirituales. Es para ellos el ser que tiene razón (en contraposición a los animales, caracterizados como Aloga). Así se dice en las anacreónticas: “La Naturaleza dio a los toros cuernos, a los caballos pezuñas, a las liebres rapidez, pero a los hombres les dio el pensamiento”. Exactamente lo mismo se ve en los filósofos. Según Platón, lo logístico constituye la parte más elevada de nuestra alma, y lo mismo es según Aristóteles y los estoicos.

No es casualidad que los griegos sean los primeros que han buscado el momento de lo teorético independientemente y la sabiduría por sí misma (únicamente Solón y Herodoto, como dice éste, han recorrido países extranjeros “para saber”). Los conocimientos, tan ricos en sí, de los pueblos orientales, se diferencian de los griegos en primer lugar en que todos están al servicio de objetivos prácticos (por ejemplo: La Astronomía al servicio de la navegación, el calendario y la adivinación). Sólo en los griegos, que pronto llegaron a sobresalir en estas cosas adquiere el conocimiento un valor autónomo, que  no necesita ser iluminado por otra luz. Sólo entre ellos nacen las razones culturales autónomas de las Ciencias y consiguientemente también los tipos humanos del pensador y del sabio.

Y lo mismo que la razón teorética, así también la razón práctica adquiere autonomía entre los griegos. La ética de la Biblia es teónoma; se deben seguir los preceptos morales porque Dios los ha decretado. En todas partes los hombres se rigen por tradiciones antiquísimas y celosamente guardadas, que se consideran valiosas naturalmente y acerca de las cuales nadie se pregunta si se pueden justificar ante la razón. En Grecia es donde primeramente se fundamenta la ética racional. Sólo allí adquiere el hombre una confianza tal en su propia razón que se atreve ahora, no ya a seguir solamente los preceptos divinos o tradicionales, sino a escuchar las voces interiores y guiarse en su conducta por aquello que la razón da por bueno.

Ciertamente las éticas filosóficas establecen diferentes conceptos del bien, pero todas tienen en común y se basan ya en que el hombre en general – y esto fue entonces una violenta novedad- puede y debe hacer solamente aquel bien que se acredite como tal ante su razón. (De hecho, seguirá siempre, y más de lo que él cree, guiado además por las tradiciones; muy a menudo la razón ratificará simplemente en su interior el bien tradicional, de manera que la conducta exterior siga siendo la misma que hasta ahora, pero, sin embargo, ahora está elevado a un grado más alto).

Con lo dicho queda ya anticipado que el hombre que vive por su razón es el único hombre verdaderamente individual. Oír solamente a su razón quiere decir oírse solamente a sí mismo, quiere decir recibir sus directivas, no de tradiciones y reglas comunes, sino de la propia alma. La ética racional es una ética autónoma y  el libre desarrollo de la razón teorética origina también un individuo autónomo, que no se siente ya ligado por lo que ha recibido. Siendo un producto de la cultura superior esta cierta autonomía del individuo, como la que hizo posible la fe griega en la razón, ahora esta fe a su vez hace avanzar aún más el proceso de autonomía.

Pero así como la razón recién descubierta se opone exteriormente a lo tradicional y libera al individuo, así también tiene su enemigo en el mismo interior del hombre, donde se opone a otras fuerzas espirituales, a los instintos y pasiones (Max Weber clasifica hermosamente en motivos tradicionales, racionales y emocionales a los tres grupos de motivos fundamentales del obrar). Y ciertamente la razón, según Platón, debe dominar los apetitos por ser la fuerza suprema en nosotros; según los estoicos, incluso reprimir totalmente los afectos sí es posible; el inmóvil reposo del ánimo (Ataraxia) es su ideal; y según Aristóteles, el alma debe -mediante la tragedia- “purificarse de las pasiones”. Todavía Kant  se sitúa en esta misma línea tradicional; la conducta moral se reduce para él a que el deber racional domine la tendencia carnal. Por el contrario, la ética tanto antigua como moderna, del valor sabe que al menos no toda la conducta moral consiste solamente en eso. ¡También los estratos anímicos no racionales tienen su función vital  necesaria! Apenas pueden ser reprimidos totalmente y la represión que excede de lo necesario empobrece la vida. 
Pero, según los estoicos, la razón -que en un sentido más amplio reemplaza a los valores internos de la persona en general- /confiere/* no solamente de autonomía sino incluso autarquía. Nos hace independientes, no sólo de nuestros afectos, sino de los bienes exteriores y del destino. “El sabio se basta a sí mismo”. Aunque ya no posee nada material, puede, sin embargo, permanecer ecuánime, pues posee lo que es más que todo lo material; a sí mismo y a la virtud que nadie puede arrebatarle. Si fractus illabatur orbis impavidum ferient ruinae! Así se alcanza un grado, hasta entonces, desconocido, de interioridad. Por eso el cristianismo pudo asimilar más tarde lo estoico. No depende en la vida de un “oropel terreno”, sino de la propia alma y de su purificación.

Al enseñar la Stoa no sólo que lo interior vale más que lo exterior, sino que lo exterior carece en general totalmente de valor y es indiferente, exagera y desacredita su propio principio. No todo lo que es exterior al alma es, sin embargo, solamente oropel. No sólo hay valores mundanos inmanentes –por ejemplo, el valor de la cultura-, sino que la misma alma, a menudo, sólo puede desarrollar sus mejores posibilidades en contacto con lo mundano.

Lo subjetivo y lo objetivo, lo interior y lo exterior no pueden separarse tan estrictamente. Mi espíritu solamente se refleja gracias a una instrucción superior, sólo puede expandirse humanamente en contacto con el amigo, sólo en la actividad profesional puedo entrenar y verificar mis fuerzas. Si se me excluye de la instrucción superior, si el amigo no me trata o no se me entrega, si la profesión en la que destaco está saturada y no me ofrece ninguna oportunidad, de poco me sirve decir como los estoicos que todas esas cosas no son más que Allotria, que lo único que cuenta es el carácter intacto. Lo interior depende de lo exterior; donde lo exterior falla, se quiebra también lo interior. Esto es ciertamente superior, pero su fundamento es aquello.

M. Landman.

sábado, 14 de mayo de 2011

El Mercado del Carbono y América Latina. (Parte I)

La gran cantidad de activos ambientales con los que cuenta América Latina y el Caribe, convierte a esta en una región proveedora de servicios ambientales para generar recursos alternativos como solución a la emisión de gases de efecto invernadero. El Protocolo de Kyoto fue el inicio del surgimiento de un mercado que busca encontrar alternativas para la protección del medio ambiente.

El mercado de carbono surge en el mundo como una vía complementaria, alternativa y económicamente viable al compromiso asumido por países, empresas e individuos, de disminuir las emisiones de gases que contribuyen al efecto invernadero (GEI). Este puede estar dentro del cumplimiento y la observancia de las prerrogativas del Protocolo de Kyoto o puede estar dentro del mercado voluntario, el cual no es jurídicamente vinculante, pero se ha desarrollado como respuesta a aquellos que están interesados en convertirse en carbón neutral*.

América Latina y el Caribe tienen un superávit de activos ambientales que convierten a la región en un importante proveedor de servicios ambientales globales. Entre estos servicios se encuentran los mercados de carbono, que representan una oportunidad de generar recursos adicionales para el desarrollo del país. Esto basado en mejores patrones de producción y consumo de energía, abriendo el campo a procesos de eficiencia energética, producción más limpia, así como un mayor aprovechamiento de las energías renovables, particularmente los biocombustibles, que ofrecen nuevas alternativas para un mayor desarrollo
económico de los países de la región.

Kyoto
El primer paso para el surgimiento del mercado de carbono fue la decisión de firmar, en 1992, la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (UNFCCC), que tiene como principio fundamental la toma de medidas precautorias para anticipar, prevenir o minimizar las causas del cambio climático. Reuniones posteriores dieron lugar, en 1997, al Protocolo de Kyoto que definió la arquitectura del mercado de carbono, estableciendo objetivos cuantificados de reducción de emisiones para los países desarrollados así como los mecanismos de mercado diseñados para aminorar el costo de su implementación. Uno de estos mecanismos, el Mecanismo de Desarrollo Limpio (MDL), permite que proyectos de inversión elaborados en países en desarrollo puedan obtener ingresos económicos adicionales a través de la venta de créditos de carbono llamados “Certificados de Emisiones Reducidas” (CERs), al mitigar la emisión de gases de efecto invernadero a la atmósfera o secuestrando dióxido de carbono para que no vaya a ésta. El Protocolo de Kyoto propone que las 38 naciones industrializadas reduzcan sus emisiones para el período 2008-2012, en un promedio de 5% anual, respecto de los niveles emitidos en 1990.

Mercados voluntarios
Además del mercado de carbono oficial regulado por las instituciones de la UNFCCC, también hay un mercado creciente, basado en los compromisos voluntarios de empresas privadas e individuos que buscan compensar por los impactos ambientales que genera su actividad productiva. Tanto el mercado oficial como el mercado voluntario de emisiones tienen objetivos que van más allá de la captura de carbono. De acuerdo con el artículo 12 del Protocolo de Kyoto, los proyectos del MDL también deben contribuir a los objetivos de desarrollo sostenible de los países anfitriones, tales como la reducción de la pobreza y el mejoramiento del nivel de vida de las zonas rurales. Así mismo, muchas empresas degran tamaño han establecido metas de
reducción de GEI voluntariamente. Estas compañías toman decisiones basadas en estrategias de inversión a futuro, ante las expectativas de cambio en la regulación ambiental y la convicción de que el desarrollo sostenible y la responsabilidad social en temas ambientales fortalecen el negocio. En muchos casos estas empresas invierten en reducción de emisiones de carbono de proyectos en países en desarrollo o en economías en transición, donde el costo de mitigación es menor.

*Según la University Corporation for Atmospheric Research (UCAR) ser “carbono neutral” significa remover de la atmósfera tanto bióxido de carbono como el que se ha agregado. ¿Cómo se puede remover el bióxido de carbono de la atmósfera? Una forma de hacerlo es comprando “compensación de carbono” y apoyar proyectos como los de las granjas de viento o parques solares. Esto ayuda a generar energía renovable y más económica, a la vez que reduce futuras emisiones de gas invernadero y compensa lo que se ha añadido con los traslados y consumo eléctrico actuales.

viernes, 4 de marzo de 2011

Desarrollo Sostenible: ¿El paradigma idóneo de la humanidad? (Parte I)

Ernesto C. Enkerlin, Silva del Amo Rodríguez y Gerónimo Cano Cano.
Podríamos decir que el desarrollo sostenible surge practicamente de manera espontánea como una respuesta ineludible e inaplazable a los grandes problemas que enfrenta la humanidad a fines de este siglo. Finalmente, resulta obvio que estamos alcanzando los límites de un planeta finito y que nunca, como ahora, la especie humana se arriesga a sufrir un colapso en sus sistemas de soporte de vida. De acuerdo con el Centro para Nuestro Fututo Común (1993, el mundo ha de hacer frente a la agudización del hambre, de la pobreza, la enfermedad, el analfabetismo, y al incesante deterioso de los ecosistemas de los que depende nuestro bienestar. Mientras tanto, no cesan de aumentar las dispariedades entre ricos y pobres. Soló si abordamos, en conjunto y de forma equilibrada, las cuestiones relativas al medio ambiente y al desarrollo, podremos forjarnos un futuro más seguro y próspero.
Se requiere un cambio fundamental en la manera de implementar el desarrollo; en pocas palabras, se requiere llevar a cabo el desarrollo visto desde su dimensión social de largo plazo, en su contexto más amplio. La palabra desarrollo siempre ha sido sinónimo de crecimiento económico, no necesariamente de bienestar, por ello, este tipo de desarrollo reevaluado y dimensionado adecuadamente requerirá de un nuevo nombre, de un calificativo; sólo así podremos aceptarlo, difundirlo, comprometernos con él y vivirlo como el nuevo paradigama de la humanidad.
Ninguna nación podrá labrar su futuro de forma aislada; juntos podremos hacerlo, en un esfuerzo común para alcanzar el desarrollo sostenible (Centro para Nuestro Futuro Común, 1993).
El desarrollo sostenible está basado en la diversidad social, en la diversidad cultural y en la diversidad biológica. Algunas personas creen que se trata de una nueva moda o una nueva forma de ver el desarrollo, pero otros pensamos que ya no es una elección de la sociedad, sino un destino; o hacemos desarrollo sostenible, o simplemente veremos cómo se nos escapa el mundo. Ya hemos rebasado el momento de decidir si queremos o no encaminarnos a él, la pregunta ahora es cómo lo vamos a hacer.

sábado, 10 de abril de 2010

CERTIFICACIONES AMBIENTALES

En términos generales, una certificación es un procedimiento voluntario por el cual un tercero, asegura de manera escrita que un producto, proceso o servicio cumple con las exigencias en cada campo de acción.
En un inicio, las certificaciones estuvieron orientadas a asegurar las exigencias en cuestiones de gestión de calidad, actualmente el campo de acción de las mismas se ha extendido a objetivos de equidad socioeconómica, principios o criterios de sustentabilidad, y garantía para productos y procesos con oferta ambiental ya sea por su origen en el uso sostenible de la biodiversidad o la aplicación de sistemas de gestión ambiental.

Las certificaciones ambientales surgieron en un contexto en el que los mercados rebosado de proclamas ‘verdes’, visuales y/o argumentadas, donde algunos productos son declarados como ecológicos, de origen en bosques cultivados, amigables o compatibles con el medio ambiente o libres de sustancias agresivas con el medio natural, han sido vistas o leídas con desconfianza por el consumidor, dado que no había formas de conocer sí realmente cumplen con la oferta ambiental consignada. Es así como la certificación ambiental surge como una estrategia de comunicación empresarial dirigida a garantizar al consumidor que la información declarada es real, cuya implementación cada día cobra mayor valor en los mercados.
Hoy en día, los criterios o exigencias ambientales se han convertido en parámetros fundamentales en los procesos de globalización de los mercados, debido en buena medida a la sigilosa aplicación del desarrollo sostenible a toda actividad involucrada en la dinámica del desarrollo y bienestar humano.
La inserción de la variable ambiental a través de la economía de mercado para impulsar la valoración de los bienes y servicios ambientales brindados por la naturaleza; además de tratar de contrarrestar los impactos ocasionados por las actividades humanas a las unidades productivas naturales, ha contribuido a la generación de nuevos negocios, desarrollados en el umbral de los mercados verdes, caracterizados por la transacción de bienes y servicios con oferta ambiental, donde sus tasas de crecimiento son más altas que las de los productos convencionales. Entendiendo que el potencial de estos mercados es tan grande y diverso como la misma riqueza natural, en este escenario es donde se observa mayor dinámica de las certificaciones
Actualmente existe una generación de consumidores que ha entendido que la salud humana esta íntimamente ligada a la calidad o condición del entorno natural, y con su poder de compra, viene influyendo en la producción y distribución de bienes más responsables ambientalmente. De otra parte, está la dinámica de las nuevas alternativas y oportunidades de mercado que explora el mundo alrededor de los servicios ambientales, como el mercado de orgánicos, biocomercio sostenible y el mercado del carbono, entre otros
En la dinámica de las expresiones de mercado que se vienen formando, las certificaciones para el consumidor, se constituyen en sello de garantía sobre los atributos ambientales que declaran los productos; para el empresario, en un elemento diferenciador de los productos convencionales; y para los gestores ambientales (Estado o sociedad civil), en una estrategia para el logro de objetivos ambientales.

Las certificaciones ambientales vienen siendo usadas en:

La comercialización de los productos orgánicos

El buen manejo forestal

El cultivo del café bajo sombra

La protección de la biodiversidad asociada a los hotspots

La protección de las aves

En general, se observa que los procesos de certificación alrededor de la dinámica ambiental son impulsadas por instituciones u organizaciones no gubernamentales de contexto ecológica, las cuales, según su eje de acción diseñan estrategias de sensibilización para abrir ventanas de mercado en las sociedades desarrolladas, que mejoren las oportunidades de vida a las comunidades que coexisten en los ecosistemas vitales para la seguridad ecológica local y del mundo.
La sensibilidad ambiental, la extensión del concepto salud a la condición del entorno natural que perciben los consumidores de las sociedades desarrolladas y su disponibilidad a reconocer un ‘sobreprecio’ a los productos agroalimentarios saludables y seguros, es un terreno propicio para el florecimiento de los mercados certificados alrededor del valor ‘verde’. De ahí la existencia en Europa, Japón y Norteamérica de tiendas y canales especializados en la distribución de este tipo de productos, donde la mayor dinámica de certificación gira alrededor de la pequeña economía cafetera, que paulatinamente se ha extendido a productos ‘fruver’, a productos naturales maderables y no maderables del bosque, y ahora, a otros componentes de la biodiversidad, esta última con procesos de certificación muy incipientes por la complejidad de los elementos sociales, económicos y ambientales que ésta encierra .



La certificación como estrategia de marketing ha logrado extender su tejido a las grandes empresas productoras y canales de distribución que buscan su certificación como oportunidad de mercado para diferenciarse del sector convencional y posicionarse como marca amigable con el ambiente y socialmente responsable; además de responder a las demandas de importadores que exigen productos certificados para su comercialización en mercados con altos criterios de sostenibilidad. Si bien a la certificación se le reconoce su contribución en la apertura de nichos de mercados, para los productos de la economía rural de los países pobres; desde la perspectiva comercial, en su desarrollo también se habla de desventajas, es el caso de los altos costos y el tiempo que demanda su obtención para los pequeños productores, dejándoles como opción, la salida al mercado a través de procesos de asociación.

En la globalización de los mercados, para algunos, estas estrategias pueden parecer un tanto proteccionistas, lo que hace menos competitivos a los bienes de la producción en pequeña escala y reduce su potencial de mercado. No hay quien también ve la estrategia como un ‘nuevo’ negocio, especialmente para las empresas certificadoras de países desarrollados.

No obstante estas críticas, las certificaciones ambientales al día de hoy pueden ser consideradas un indicador de gestión ambiental empresarial, sello de garantía al consumidor, instrumento de equidad social y económica para las comunidades inmersas en ecosistemas vulnerables y, un elemento de competitividad en los mercados del mundo; así como, una estrategia que contribuye al cumplimiento de objetivos de política ambiental a través de la economía de mercado.



martes, 5 de enero de 2010

Minerìa Responsable.

Hasta hace unos años era impensable conciliar Minería  y Responsabilidad Social y Ambiental ... Minería y conservación del ambiente  han sido ubicadas en las antípodas...Mucho se ha avanzado y afortunadamente  hoy son actividades que pueden ir de la mano. A continuación les ofrezco el  link de un video muy ilustrativo sobre Minería Responsable en el Perú, el mismo que pertenece al programa de Tv "La Buena Tierra" de Antonio Brack.
http://www.barricksudamerica.com/minera/minresp_peru.php