sábado, 10 de abril de 2010

CERTIFICACIONES AMBIENTALES

En términos generales, una certificación es un procedimiento voluntario por el cual un tercero, asegura de manera escrita que un producto, proceso o servicio cumple con las exigencias en cada campo de acción.
En un inicio, las certificaciones estuvieron orientadas a asegurar las exigencias en cuestiones de gestión de calidad, actualmente el campo de acción de las mismas se ha extendido a objetivos de equidad socioeconómica, principios o criterios de sustentabilidad, y garantía para productos y procesos con oferta ambiental ya sea por su origen en el uso sostenible de la biodiversidad o la aplicación de sistemas de gestión ambiental.

Las certificaciones ambientales surgieron en un contexto en el que los mercados rebosado de proclamas ‘verdes’, visuales y/o argumentadas, donde algunos productos son declarados como ecológicos, de origen en bosques cultivados, amigables o compatibles con el medio ambiente o libres de sustancias agresivas con el medio natural, han sido vistas o leídas con desconfianza por el consumidor, dado que no había formas de conocer sí realmente cumplen con la oferta ambiental consignada. Es así como la certificación ambiental surge como una estrategia de comunicación empresarial dirigida a garantizar al consumidor que la información declarada es real, cuya implementación cada día cobra mayor valor en los mercados.
Hoy en día, los criterios o exigencias ambientales se han convertido en parámetros fundamentales en los procesos de globalización de los mercados, debido en buena medida a la sigilosa aplicación del desarrollo sostenible a toda actividad involucrada en la dinámica del desarrollo y bienestar humano.
La inserción de la variable ambiental a través de la economía de mercado para impulsar la valoración de los bienes y servicios ambientales brindados por la naturaleza; además de tratar de contrarrestar los impactos ocasionados por las actividades humanas a las unidades productivas naturales, ha contribuido a la generación de nuevos negocios, desarrollados en el umbral de los mercados verdes, caracterizados por la transacción de bienes y servicios con oferta ambiental, donde sus tasas de crecimiento son más altas que las de los productos convencionales. Entendiendo que el potencial de estos mercados es tan grande y diverso como la misma riqueza natural, en este escenario es donde se observa mayor dinámica de las certificaciones
Actualmente existe una generación de consumidores que ha entendido que la salud humana esta íntimamente ligada a la calidad o condición del entorno natural, y con su poder de compra, viene influyendo en la producción y distribución de bienes más responsables ambientalmente. De otra parte, está la dinámica de las nuevas alternativas y oportunidades de mercado que explora el mundo alrededor de los servicios ambientales, como el mercado de orgánicos, biocomercio sostenible y el mercado del carbono, entre otros
En la dinámica de las expresiones de mercado que se vienen formando, las certificaciones para el consumidor, se constituyen en sello de garantía sobre los atributos ambientales que declaran los productos; para el empresario, en un elemento diferenciador de los productos convencionales; y para los gestores ambientales (Estado o sociedad civil), en una estrategia para el logro de objetivos ambientales.

Las certificaciones ambientales vienen siendo usadas en:

La comercialización de los productos orgánicos

El buen manejo forestal

El cultivo del café bajo sombra

La protección de la biodiversidad asociada a los hotspots

La protección de las aves

En general, se observa que los procesos de certificación alrededor de la dinámica ambiental son impulsadas por instituciones u organizaciones no gubernamentales de contexto ecológica, las cuales, según su eje de acción diseñan estrategias de sensibilización para abrir ventanas de mercado en las sociedades desarrolladas, que mejoren las oportunidades de vida a las comunidades que coexisten en los ecosistemas vitales para la seguridad ecológica local y del mundo.
La sensibilidad ambiental, la extensión del concepto salud a la condición del entorno natural que perciben los consumidores de las sociedades desarrolladas y su disponibilidad a reconocer un ‘sobreprecio’ a los productos agroalimentarios saludables y seguros, es un terreno propicio para el florecimiento de los mercados certificados alrededor del valor ‘verde’. De ahí la existencia en Europa, Japón y Norteamérica de tiendas y canales especializados en la distribución de este tipo de productos, donde la mayor dinámica de certificación gira alrededor de la pequeña economía cafetera, que paulatinamente se ha extendido a productos ‘fruver’, a productos naturales maderables y no maderables del bosque, y ahora, a otros componentes de la biodiversidad, esta última con procesos de certificación muy incipientes por la complejidad de los elementos sociales, económicos y ambientales que ésta encierra .



La certificación como estrategia de marketing ha logrado extender su tejido a las grandes empresas productoras y canales de distribución que buscan su certificación como oportunidad de mercado para diferenciarse del sector convencional y posicionarse como marca amigable con el ambiente y socialmente responsable; además de responder a las demandas de importadores que exigen productos certificados para su comercialización en mercados con altos criterios de sostenibilidad. Si bien a la certificación se le reconoce su contribución en la apertura de nichos de mercados, para los productos de la economía rural de los países pobres; desde la perspectiva comercial, en su desarrollo también se habla de desventajas, es el caso de los altos costos y el tiempo que demanda su obtención para los pequeños productores, dejándoles como opción, la salida al mercado a través de procesos de asociación.

En la globalización de los mercados, para algunos, estas estrategias pueden parecer un tanto proteccionistas, lo que hace menos competitivos a los bienes de la producción en pequeña escala y reduce su potencial de mercado. No hay quien también ve la estrategia como un ‘nuevo’ negocio, especialmente para las empresas certificadoras de países desarrollados.

No obstante estas críticas, las certificaciones ambientales al día de hoy pueden ser consideradas un indicador de gestión ambiental empresarial, sello de garantía al consumidor, instrumento de equidad social y económica para las comunidades inmersas en ecosistemas vulnerables y, un elemento de competitividad en los mercados del mundo; así como, una estrategia que contribuye al cumplimiento de objetivos de política ambiental a través de la economía de mercado.